La seguridad no puede seguir siendo un rehén
de campaña
Entramos en tiempos de campaña y, una vez más, la seguridad aparece como
la carta predilecta de la contienda electoral, reducida a consignas rápidas que
buscan votos inmediatos. El miedo se instala como herramienta de
propaganda y los diagnósticos se limitan a frases de impacto. Frente a esto,
desde el Gobierno de nuestro Presidente Gabriel Boric lo sostenemos con
claridad: la seguridad no es un botín electoral, sino una tarea de Estado.
En los últimos años hemos impulsado transformaciones que marcan una
diferencia respecto de la lógica reactiva y meramente punitiva. Por primera
vez, Chile cuenta con una Política Nacional de Seguridad Pública integral y
de largo plazo, construida con rigor técnico y con la participación de
gobiernos locales y organizaciones comunitarias. Esta hoja de ruta nos
permite dejar atrás la improvisación y orientar la acción hacia la prevención,
el fortalecimiento institucional y la protección efectiva de la ciudadanía.
A nivel operativo, hemos incrementado en un 15.3% el presupuesto
destinado a seguridad, prevención comunitaria y modernización policial,
reforzando la presencia en barrios críticos y destinando recursos a formación
en técnicas investigativas, control territorial y trabajo con comunidades.
También hemos avanzado en ámbitos que rara vez forman parte del debate
electoral, pero que son esenciales para la convivencia: programas de
reinserción para jóvenes infractores, planes de recuperación de espacios
públicos degradados y mecanismos de articulación interinstitucional que
evitan la fragmentación y duplicidad de esfuerzos. Son logros concretos que
fortalecen el tejido social y devuelven la confianza a los barrios.
Lo que está en juego no es sólo la sensación de seguridad, sino también la
calidad de nuestra democracia. Cuando la seguridad se utiliza como rehén de
campaña, se fomenta la desconfianza, se polariza a la ciudadanía y se ofrecen
ilusiones de soluciones rápidas que, en la práctica, resultan insostenibles. El
país no necesita discursos que exacerban el miedo, sino políticas que
construyan confianza, convivencia y justicia.
Chile ya ha iniciado ese camino. No es sencillo ni inmediato, pero los avances
son visibles. Nuestro compromiso como Gobierno es firme: la seguridad no
será tratada como eslogan electoral, sino como un derecho ciudadano que
exige responsabilidad, visión de futuro y trabajo sostenido.
